No la habría visto de no ser por el café. Eran más de las dos de la madrugada y yo estaba en la cocina de la funeraria Guzmán
Alina Fuentes llevaba tres años casada con Marcos, y en tres años había aprendido que el sábado del cumpleaños de su suegra, Rosaura, no era un día: era
Esa mujer apareció en nuestra casa cuando yo tenía diez años. Mi papá la trajo de un viaje de trabajo a Chicago, la dejó parada en la entrada
Me llamo Marcos Rivera, tengo cuarenta y un años y durante nueve trabajé codo a codo con mi suegra en el taller de mecánica que ella heredó de
Miami, finales de agosto. El calor te pegaba la camisa a la espalda a las ocho de la mañana, y el aire olía a asfalto mojado porque el
Ochenta y cinco mil dólares en un sobre de papel manila, sudado entre mis manos. El aire acondicionado de la sucursal zumbaba sobre mi cabeza como un animal
No me importaba la altura. Hasta que me casé con un hombre más bajo que yo y entendí que a todo el mundo sí le importa. Ahora tengo