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El salón de baile del Brickell Palace resplandecía como un sueño de cristal tallado. Bajo arañas de luz en cascada, cuatrocientos de los invitados más adinerados de Miami
Seis horas antes, Valentina Castillo hizo la cola de clase turista en el Aeropuerto Internacional de Miami con un suéter gris doblado sobre el brazo, los lentes de
Todo el restaurante se quedó mudo cuando Mateo Castillo se levantó de la mesa. Doce años. Camisa blanca impecable, suéter azul marino y el cabello peinado con raya
—Tu maleta está afuera, Isabel. Firma los papeles y vete sin armar escándalo. Isabel se quedó paralizada frente a la reja de hierro de la mansión Crestwood en
La suegra llegó un martes por la mañana, como si el mundo entero le perteneciera. Entró al vestíbulo sin llamar, con tres bolsas de cuadros enormes y sin
Valeria se miró al espejo por última vez. El vestido azul marino, sencillo y sin firma, resaltaba únicamente por el collar que brillaba en su cuello: una cadena
Patricia Harrington-Wells acomodó disimuladamente el broche de su pulsera Cartier de época y dejó que el pesado satén de su vestido zafiro atrapara la luz de los candelabros
En el momento en que Dominic me vio más allá del mar de rosas blancas, su sonrisa ensayada se hizo añicos. Su novia avanzaba por el pasillo, el
El polvo se levantaba en remolinos perezosos sobre la banqueta agrietada de Boyle Heights. Los murales de la Virgen de Guadalupe y de héroes olvidados se descascaraban en
El rugido de los motores partió la modorra de la calle. Doña Carmen levantó la vista, la cuchara de los frijoles aún goteando salsa sobre el plato de