Rubén Castellanos pierde el taller de Lancaster Avenue tras siete meses firmando con nombre prestado
Me llamo Rubén Castellanos, tengo cuarenta y un años y durante siete meses firmé facturas con un nombre que ya no era el mío. Esa es la parte
Lo que quedó en el cajón de Rosa Elena
Yo fui el que encontró la carta. No la conserje del asilo, no una enfermera del turno de noche: fui yo, Héctor Manuel Vidaurri, el yerno. El que
El baile que no le pertenecía a nadie más que a él
Me llamo Ramiro Cepeda, tengo cincuenta y un años y trabajo como supervisor de mantenimiento en un edificio de oficinas en Paterson, Nueva Jersey. Llevo dieciocho años casado
El taller de la discordia
Trabajo en la oficina del condado en Reading, Pensilvania, procesando permisos de negocio desde hace nueve años. Uno se cree que ya lo vio todo hasta que llega
# La llave del taller
Durante treinta y seis años, Rosa Elena Vidal se levantó todos los días a las cinco y cuarto de la madrugada, se preparaba un café en la cafetera
El sobre que nadie reclamó
Trabajo en la lavandería self-service de la calle Bergenline en Union City, Nueva Jersey, desde hace nueve años, y una ya cree que lo ha visto todo entre
No sé la escena completa desde el principio — nadie la sabe. Yo llego a la parte donde ya hay un problema, la resuelvo o la veo resolverse, y me voy a la próxima consulta. Así es este trabajo.
Ana Cristina Bermúdez, mi historia con la balanza Trabajo de asistente en la clínica pediátrica Su Pequeño Sol, en Reading, Pensilvania, desde hace nueve años. Llevo el registro
La mesa de la puerta azul
Trabajo en la clínica dental de la avenida Bergenline en Union City, Nueva Jersey, desde hace catorce años, y en todo ese tiempo aprendí a leer a la
El olor a café en la Novena y no hay a quién llamar
Trabajo en la funeraria Rivas en la calle Novena del barrio, aquí en Reading, Pensilvania, desde hace once años. Preparo los papeles, acompaño a las familias, sirvo café
No tengo un texto dramático completo para reescribir: lo que se me dio es apenas una línea suelta (“Quiero dejar a mi esposo, pero temo que él esté mejor sin mí. ¿Qué hago?”), no un guion o transcripción con personajes, escenas y un giro dramático que pueda desarrollar hasta un final.
Marisol Fuentes llevaba nueve años contando el cambio en la caja registradora del Winn-Dixie de la calle Flagler, en Hialeah, y esa tarde de agosto contó otra cosa: