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Trabajo en una notaría en Laredo desde hace doce años. He visto pleitos por casas, por carros, por perros, por un reloj que ya no anda. Pero lo
El calor de San Antonio me golpeó la cara apenas salí del carro. Era un martes de agosto y el termómetro marcaba 104 grados. No le había avisado
Me senté en la sillita de plástico de la escuela y las rodillas me crujieron como bisagras viejas. La maestra de Mateo, Miss Carvajal, me pasó un papel
A las diez de la mañana del veintiséis de agosto ya había entregado cuatro cajas en la oficina de envíos y el teléfono me vibraba por tercera vez
Yo estaba en el pasillo de la casa de mi mamá en El Paso, doblando unas bolsas del súper para no tirarlas, cuando escuché su voz desde la
El vuelo de South Padre a Houston dura solo una hora y diez minutos, pero a mí se me hizo largo como un lunes sin paga. Miraba por
El 30 de diciembre bajé del autobús en la estación de San Antonio con una maleta que pesaba más que mi paciencia. Cuarenta y siete dólares con cincuenta
Trabajo en la ruta 16 cada sábado, porque odio los partidos y el alcohol. La gente cree que manejar un autobús en Los Ángeles es cosa de locos,
Cincuenta y ocho mil cuatrocientos dólares. Esa era la cifra exacta que Carlos no sabía que yo tenía. La había ido juntando de a poquito desde que murió
Santiago apagó el carro frente al edificio de tres pisos en East Los Ángeles y se quedó un rato con las manos en el volante. El aire entraba